domingo, 3 de marzo de 2019

¿SQUIRTING? ¡NO, GRACIAS!



Ayer viendo La Sexta Noche me vinieron a la cabeza un cumulo de ideas, de cómo se han ido desarrollando la educación y el sexo a través de los años, de mis años en concreto.

Yo nací en medio de la dictadura y por tanto recibí una educación “fachocatólica”, en esa España pacata, provinciana y meapilas del florido pensil. Las niñas teníamos que guardarnos para el matrimonio y éramos seres asexuales, nada de saber donde teníamos los puntos de placer, porque al fin y al cabo las relaciones sexuales serian en todo caso, en esa delirante forma de ver la vida, encaminadas solo y exclusivamente para la procreación. También nos enseñaban que nuestro fin en la vida era proporcionarle a nuestra familia y sobre todo a nuestros maridos una existencia cómoda y placentera.

Pero llegaron los 70 y 80, para mí fueron estos últimos los que me trajeron otra visión de las cosas, los últimos coletazos del movimiento hippy, el amor libre y el flower power.

Estaba (todas estábamos) entre ese mundo en que los chicos querían arrimar cebolleta en los bailes y  en los que nosotras poníamos los codos como barrera, donde ellos trataban de meter mano y otras cosas si podían, y nosotras luchábamos denodadamente en evitarlo, como decía la canción “aunque sobada y un poco mustia guardábamos la flor de la virginidad” , y el otro mundo donde lo guay era transgredir todas estas normas, fumar, incluso porros, ir sin sujetador, enseñando la barriguita con unas faldas largas y floreadas y hacer el amor y no la guerra.

Luego con el tiempo, la democracia y el Informe Hite se medio normalizaron las cosas, las chicas ya sabíamos dónde estaba el clítoris y éramos más libres en los asuntos de sexo, disfrutábamos con nuestra pareja, una en cada época, nada de simultanear más de uno.

La primera experiencia sexual llegaba a los 20 más o menos y ya nos preocupábamos de tener nuestros orgasmos (sin fingir) por supuesto ellos también se preocupaban de que lo consiguiéramos, llegaron el cunnilingus, la felación y ¿las mujeres ya nos habíamos liberado en temas de sexo? ¡Pues no!

Llegó el tiempo en que las chicas tenían que tener relaciones cada vez más jóvenes, más promiscuas, más rápidas, en cualquier sitio y con cualquiera, si salías y no follabas no habías triunfado, y llegó un nuevo reto para nosotras el Punto G, había que encontrarlo sí o sí, si no querías ser una hecha polvo.

Después llegaron los tríos, los cuartetos, el swinging o intercambio de parejas, retos sexuales cada vez mas abigarrados, la fantasía de toda la vida de esos hombres que consumen pornografía,  que antes lo buscaban pagando y en esos momentos ya era gratis total ¿Por fin las mujeres habíamos llegado a la meta del sexo? ¡Pues no señoritas!

Ahora llega el Squirting ¿Y eso que coño es? Pues como su propio nombre indica (en inglés, claro) consiste en que salga de esa misma parte, y durante el orgasmo, un chorro de liquido, así que ahora tras saber donde están las zonas erógenas y los puntos de placer, follar con quien sea, donde sea con unos, dos, tres o cuatro, saber dónde está el punto G, bajarse al pilón con estilo, tener el monte de Venus depilado como una muñeca pepona para que el otro no se ahogue con elementos capilares, hay que ser una fuente humana.

Señoras y señores yo aquí me bajo del tren de las innovaciones sexuales no sea que lo próximo consista en hacer el  numero de la cabra a cuatro patas sobre una bola encima de una silla, mientras uno te penetra por abajo, otro por arriba, otra te toquetea o te morrea, y tu concentrada en el punto G y en hacer el squirting.

Ojú, ya me he cansado solo de pensarlo.

¿Squirting? ¡No, gracias!

jueves, 21 de febrero de 2019

LA CUCARACHA y II

Pues señor, erase que se era una vil cucaracha que trabajaba de enfermera y que llevaba muchos años a merced de las ocurrencias, tendencias, conveniencias, cadencias y todas las “encias” habidas y por haber.

Y hete aquí que tras varias reestructuraciones, que es salir de tu servicio donde trabajas requetebién, llega un momento en que  el turno que tú tienes ya desaparece, quedáis en el hospital dos cucarachas y media en él y no os podéis organizar para defender vuestros derechos, así que querida cucaracha ¡date por pisoteada! Por no utilizar una expresión soez que también termina por en ada y empieza por foll.

Y aquí viene cuando pisotean a la cucaracha, porque según parece los mandingos creen que no tiene dignidad ni alma en su almario.

Mirad la secuencia, supervisora que es acosada y cesada porque no poner interés en instaurar las 12 horas, supervisor que llega con la encomienda de poner las 12 horas sí o sí, aun a costa de jugar “sucio” de aceptar el voto de una que se jubila o de ofrecer prebendas a cambio del voto.

De la dos cucarachas que quedan, una servidora le hace saber al supervisor que se va a donde haya un turno de noche fijo de noche de 10 horas, este señor dice que en el maternal hay varios, yo le digo que me diga cuales son para elegir y me dice que lo va a mirar y me lo dirá. A la otra la acogota día sí, día también con las pajoleras 12 horas, pero jamás ofertándole las noches, ella como es natural le dice que no, que ella no quiere renunciar a su turno de noche. A esta el tema le ha costado una enfermedad.

Nos movemos, vamos al sindicato, hablamos con la jefa de bloque que nos dice que no hay nada para ofertarnos de las mismas características de nuestro turno, así que nos ofrece quedarnos en el turno de noche con las 12 horas en nuestro actual servicio, y como a la fuerza ahorcan, aceptamos pulpo como animal de compañía.

Pero ¡ay Señor! Hay un mandinguillo con ínfulas de Gran Jefe Toro Sentado, y el que hayamos pasado de su jeta para hablar con la otra jefa de bloque no le ha gustado, pero nada de nada. Así que, queriditas cucarachas ¡venid para acá, que os vais a enterar de lo que vale un peine! Nos obliga a ir a hablar con él para escuchar que solo hay un puesto de 10 horas en todo el hospital por lo que si una se va la otra se queda descolocada. Me tocaba irme a mí y yo no quería dejar a mi compañera a los pies de los caballos, con lo cual optamos por el ofrecimiento de la jefa de bloque y quedarnos  donde estábamos pero con las 12 horas

Y ¡ATENCION! Aquí viene lo bueno, nos dice que nos va a hacer “UN FAVOR” y nos va a dejar en nuestro servicio. Dejo a vuestra imaginación lo que me entró por el cuerpo al oír eso ¿UN FAVOR? Hay que joderse, más de 40 años de servicio y ahora vienen con favores. Yo me callé y dije, esto es cuestión del sindicato, yo a este no le doy ninguna satisfacción.

Pues nada, cuando ha ido el sindicato a hablar del tema, me llama Toro Sentado para decirme que le tengo que firmar un papel diciendo que yo he renunciado a irme a un turno de 10 horas, y que me está haciendo un favor al dejarme en mi servicio. Ahí ya no me dio la gana de callarme, le dije que no me dijera más lo del favor y que ya vería cuando iba a verlo, desde luego con el sindicato acompañándome, el tipo entró en un bucle vencindón y me amenazó con mandarme a otro servicio, y repitió hasta la saciedad que me estaba haciendo un favor, con lo cual decidí dejarlo amenazando y  repitiendo cual Micaela, la muñeca que habla y habla sin parar, sus amenazas y sus favores a la fibra óptica de Movistar.

Querido señor, yo no soy una cucaracha que usted pueda pisotear y quitarle su dignidad porque a usted le salga de su prepotencia.

Soy, aunque me esté mal decirlo, una muy buena trabajadora, cumplidora y una profesional como la copa de un pino, y usted no puede venir a quitarme mi autoestima y mi dignidad como quien quita un plato sucio.

¿Cómo era el tema de las cucarachas? ¡A si! Son capaces de sobrevivir a un holocausto nuclear.


¡Ea! No digo más.

LA CUCARACHA I



Hoy me siento como las cucarachas, esas que según aquel anuncio nacen, creen, viven, se reproducen y con Cucal mueren y desaparecen.

Pues eso, que una nace, va al colegio, al instituto, a la facultad, trabaja de contratada en sanidad y se tira 5 años en un reten donde cada día te mandan a un sitio a trabajar, no tienes turno determinado, no descansas un fin de semana ni una fiesta ni por casualidad. Por fin ganas una plaza lejos de tu casa y tras algunos años en la diáspora consigues volver y estabilizarte.

Te tiras más de 40 años trabajando, dentro de un vaivén que te va empujando según las modas que se van imponiendo. Yo empecé trabajando en turnos de 7 días, 7 de mañana, 7 de tarde y 7 de noche. Aquello resultaba muy caro en horas extraordinarias y decidieron crear un turno fijo de noche, de forma que no se hiciera un exceso de horas nocturnas que hubiera que pagar a precio más alto. Como nadie quería el dichoso turno hicieron una oferta tentadora, quien aceptase estar en las noches fijas tendría libre todos los fines de semana, y un buen número de gente aceptamos las noches bajo esa premisa.

Pero como he dicho los vaivenes nos van empujando, y tras un tiempo la administración descubrió otras posibilidades de ahorrar y se sacaron de la chistera el turno antiestrés (que yo me pregunto quién bautizaría el dichoso turno con ese nombre tan eufemístico) que de antistrés no tenía nada, pero con él se ahorraban bastantes contrataciones para dar días festivos. Con la instauración de este turno ya no les venía bien el fijo de noche y quisieron eliminarlo, pero claro no les iba a resultar tan fácil, nos organizamos y ganamos un pleito donde nos reconocían el derecho a seguir en ese turno el cual nos debían respetar, pero nos cambiaron la cadencia, trabajar dos noches sí y dos no, y por tener exceso de horas trabajadas teníamos una semana de descanso al mes, a algunos les pusieron una cadencia de una noche sí y otra no, todo con la sana intención de putearnos y que renunciáramos al fijo de noche, pero no coló y seguimos ahí, en nuestro turno.

De la mano de los supervisores ¡ay los supervisores! que son los mandingos que se dedican a agitar los patios para ir cambiando las condiciones laborales según conveniencias, ocurrencias, tendencias y cualquier “encia” que surja, salió otro invento de la chistera, el turno de las 12 horas, y aquí llegó no un vaivén, llegaron turbulencias intensas en los 14.000 metros, las restructuraciones, es decir que si no quieres hacer doce horas te cambian de sitio. Y atención, el turno de doce horas es ilegal por lo que para instaurarlo hace falta que los trabajadores voten, y si el 80% dice que sí, se pone y punto pelota. Con la curiosidad de que si hay una trabajadora que se jubila el mes que viene y nunca quiso ese turno ni lo va a tener que hacer, puede votar que sí e inclinar la balanza donde a la administración le conviene, cualquier trabajador que lleve mil años fuera del servicio en comisión de servicio o en cualquier situación especial en activo también vota, si hay alguien remiso le ofrecen alguna prebenda, alguna comisión de servicio o algún cambio dentro del hospital como un turno fijo de mañana, que será legal, no digo que no lo sea, pero también es intensamente inmoral.

A mí, como no quiero las doce horas, ya me han reestructurado un numero incontable de veces, de servicio en servicio coma la “falsa monea”, pero ya no quedan en el hospital turnos de 10 horas, así que sí o sí me como las doce horas, aunque yo crea que tantas horas a pie de cama es excesivo, sobre todo en el turno de día, porque no estamos recogiendo melones, ni estamos en la caja de un banco, estamos cuidando a enfermos, su salud está en nuestras manos y de nuestra claridad mental dependen sus vidas, pero ¿a quién le importa? ¡El caso es ahorrar!

Como está resultando largo el post seguiré en otro, porque lo mejor (es un eufemismo) está por contar.

viernes, 7 de diciembre de 2018

LA ADMINISTRACION Y SU PAJOLERA MADRE Y II


La administración. Ay omá, la administración, ese ente despersonalizado que sin embargo está representado por las personas que en cada momento ostentan “el poder”, y lo ostentan porque la mayoría de las veces están en el sitio oportuno en el momento exacto.  Ese sitio es el culo del que está por encima del chupaculos , y he dicho la mayoría de las veces porque hay ocasiones en que ciertamente quien manda es la persona que reúne las cualidades necesarias, pero por desgracia son las menos.

Después de 42 años de profesión he visto de todo, supervisoras que eran monjas, supervisoras que eran la mujer del jefe de servicio (quien dice mujer también puede decir amante) directores de algo maridos de mandamasas (quien dice marido también puede decir amante), hermanos de jefes, vecinos de jefas y un sinfín de combinaciones, pero casi siempre los mas pelotas, chupaculos, trepas y mandingos han sido, y cada vez son más, los que detentan algún poder o podercillo de tal modo que al final los que mandan son los más ineptos y obtusos.

Cada vez que un jefe alto pare una cagada, la cascada de mierda en sentido descendente es directamente proporcional a la situación de cada cual en la pirámide de mando ¿Se ve claro, no? La mierda gorda al final le cae al currito, al que está abajo del todo.

Yo tengo ya una capa de mierda encima de tal grosor que ni me cosco cuando llega una catarata nueva, producto de la diarrea mental del mandinguillo de turno, ellos cagan y nosotros tenemos que tragarnos sus mierdas. A estas alturas de mi vida profesional he visto de todo, ocurrencias  de todo tipo, tonterías gordas y estupideces varias, eso sí ninguna que fuera en aumento de la calidad de asistencia. La tal calidad de asistencia va para abajo que escarba.

Últimamente estamos en la era de “los registros”, o sea, dejar escrito en esos ordenadores prediluvianos, que más que a teclas van a pedales, la mayor cantidad posible de letras, muchas, muchas letras, y luego van y te pagan la productividad, no en función de tu trabajo, no por tu efectividad como profesional, no por tu responsabilidad en tu puesto de trabajo, no por hacer las cosas correctamente, no  ¡qué va! La cosa es que mientras más escribas, aunque escribas memeces, más cosas pongas aunque te las inventes y más cursos hagas y sesiones clínicas te comas, más puntos te dan.

Es decir, que eres un profesional del TBO, más flojo que un poyete y más irresponsable que un niño de teta, pero escribes mucho y haces cursos absurdos y te tragas un sinfín de sesiones clínicas, las más de las veces repetidas y mas inútiles que la primera rebanada de pan Bimbo y eres lo más de lo más y te ponen un cacho de nota y te pagan lo máximo de productividad.

Vamos que tú eres una enfermera que tiene la mala costumbre de dejar una jeringa para lavar una vía intravenosa  encima de la lámpara de cabecera de un paciente, lámpara que tiene más mierda que un jamón serrano (esto es verídico y me ha pasado a mí como usuaria) pero escribes en ese ordenador de a pedales el Quijote, y eres el súmmum de la excelencia enfermeril. La reina de los registros ¡Ole esa enfermería registrante! Si el paciente pilla una infección nosocomial multirresistente que cuesta en euros curarla un ojo de la cara y parte del otro, eso no importa porque ella escribe mucho y deja muchos registros que es lo que importa.

Y aquí lo dejo, que esto ya está muy largo y me queda que contar mucho, porque la capa de mierda es gorda.

Luego seguimos.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

LA ADMINISTRACIÓN Y SU PAJOLERA MADRE I

 Yo empecé muy jovencita en el mundo sanitario. Con 15 añitos hice en una clínica de maternidad el Servicio Social, por aquel entonces en tiempos de la dictadura era obligatorio para las mujeres que querían estudiar pasar por este trámite.
Con 17 empecé mi carrera de ATS y la acabé con 20 (años después me tocó convalidar y hacer un curso para convertirme en DUE)

Cuando con 20 años llegué a García Morato, que así se llamaba entonces el actual Hospital General, los turnos eran agotadores. Una semana de 7 días de mañana de 8 a 15 seguidos de un día de descanso,  otra semana de de 7 días de tarde de 15 a 22 seguida de un día de descanso, y otra semana de de 7 días de noche 22 a 8  seguida de 3 días de descanso. Estas 7 noches se pagaban de forma distinta, de manera que cobrábamos mas por las noches que por el sueldo estipulado.

Un buen día la administración llegó a la conclusión de que esta organización del trabajo no era rentable y propusieron un cambio, poner un turno fijo de noche y así nadie haría 7 noches seguidas con el consiguiente ahorro en horas extras, como nadie lo quería lo envolvieron en un apetecible estuche, los fijos de noche harían una semana lunes, martes y miércoles, y otra semana domingo, lunes martes y miércoles, con la premisa de descansar casi todos los fines de semana muchos optamos por aceptar este ciclo de trabajo, hace ya de esto 34 añazos.

Al poco tiempo la administración vio que tampoco era muy rentable este tipo de organización del trabajo, y los supervisores empezaron a mover los patios y a “vender” el turno antiestres (no sé porque le pusieron ese nombrecito, porque era muy estresante) y con ese turno vendieron también que era injusto que los fijos de noche descansasen los fines de semana (hay que recordar que eso lo ofrecieron como incentivo para que aceptásemos semejante turno) y en esta ocasión quisieron hacer desaparecer el fijo de noche, pero pincharon en hueso, después de habernos programado nuestras vidas con arreglo a esta cadencia querían quitárnosla, la ganamos vía conflicto colectivo, y nos pusieron a trabajar en unos casos dos noches sí y dos no, y en otros una noche sí y otra no, pero ahí seguimos.

Cada poco algún supervisor conseguía poner en su planta o servicio el pajolero antiestres, había votación y si ganaba el 80% se ponía, y a los fijos de noche nos “reestructuraban” o lo que es lo mismo, nos sacaban del servicio y nos mandaban a otro donde aun no hubiera antiestres. Por fin toda la Ciudad Sanitaria tenía el antiestres adecuándolo a la sentencia, cada vez íbamos quedando menos de noches fijas, pero aun quedábamos bastantes.

Cuando ya todo parecía en orden la administración descubre el turno de 12 horas, de 8 a 20 y de 20 a 8, se trabajan dos días y se descansan 3 o 4, con este tipo de turno no hay casi que contratar a nadie, porque él mismo cubre festivos, días de libre disposición y hasta algunas vacaciones, y los trabajadores deben horas de forma que si falta alguien y hace falta te llaman a tu casa y te vas a trabajar ese día o noche, te toque o no te toque.

Y esto ya es para mí como el día de la marmota, otra vez los supervisores moviendo patios, otra vez las dichosas votaciones y otra vez a moverme del servicio donde estoy, y van que ni sé cuantas reestructuraciones he sufrido ya, tanto es así que ya no quedan en la Ciudad Sanitaria sitios con turno fijo de noche de 10 horas, ya el único servicio de todo el complejo hospitalario es el mío.


Yo he votado en contra de las 12 horas, más que nada por convicción, primero porque desparecen puestos de trabajo, y segundo porque el trabajo de enfermería es a pie de cama, a pie fijo atención las 12 horas quitando el tiempo del café, y 12 horas son muchas horas durante el día, más duras aun si al día siguiente te cascan 12 de noche, pero peor aun si has cambiado con algún compañero para que te haga algún día que tienes que devolverle o el supervisor te pone un día extra (quien dice día, dice noche) tú acabas agotada y quien paga las consecuencias es el paciente. Pero eso es lo de menos, el caso es que sea rentable para el hospital, y los trabajadores mientras menos vayan a trabajar mejor lo ven. Van menos días, pero amigo mío, los días que van son agotadores.

Y así se escribe la historia, pero no queda aquí la cosa, seguiré en otro articulo porque  este quedaría muy largo.


jueves, 18 de octubre de 2018

EL TIMO DE LAS ELÉCTRICAS


Pues señor hete aquí que un buen día vino un señor, y sin previo aviso, me cambió el contador de la electricidad. Yo le pregunté que qué hacía y con qué permiso, y me contesto muy groseramente que hacia lo que le habían mandado y que no tenía que darme explicaciones, y efectivamente, no me dio ninguna. Ni tan siquiera que quizás debería ir y cambiar mi potencia contratada, por ejemplo.

Pues bien, al cabo de unos meses empiezo a tener cierto problema con el suministro, si pongo el lavavajillas me quedo sin luz y sin embargo “los plomos no se funden”, no obstante tengo que bajar y subir todas las palanquitas de ese aparato que hay en la entrada de la casa, y ya todo funciona sin problemas, luego entonces no es una avería, es algo que tengo que averiguar, y me pongo a ello.  Y este es el motivo de esta entrada ¡Ojú la poca vergüenza que tienen las eléctricas!

Resulta que me han activado remotamente, y sin previo aviso tampoco  (a través del nuevo contador que me puso el señor grosero) un limitador de potencia, de tal manera que cuando pongo un electrodoméstico salta el cacharro ese, bajo hago la operación y ya tan normal el tema.

Bien, parece que tengo contratada menos potencia de la que necesito, esto lo sé porque he tenido que meterme en la página web de Endesa y he calculado la necesaria (aquí me pregunto yo ¿las personas que no tienen ordenador, no saben usarlo, no tienen wifi que hacen?) Me dice que 4.1, pero yo he consultado con otra gente y me dicen que para una casa como la mía con 3 es suficiente, pero ¡ay amigos míos! esa potencia no es posible contratarla, no, no, o bien contratas 3,45 o bien 4.6, pero 3 no ¿Y eso porque? ¡Ah, porque esa es la política de las empresas eléctricas! ¡Y eso es lo que hay! Además te cobran 50 euros por cada tramo de aumento de potencia, o sea que yo debo pagar casi 90 euros por el aumento, y no solo eso, te tardan alrededor de 20 días en hacer efectivo el cambio, así que te jodes 20 días y bajas y subes las escaleras cada vez que pongas lavadora o lavavajillas para bajar y subir a su vez las pajoleras palanquitas de los demonios.

Bueno pues me pongo con paciencia a buscar otras distribuidoras de electricidad ¡y eso ya es la traca! Hay todo un mundo de granujería metido en el negocio, pero algunos se llevan la palma. Desde Hiberdrola que tiene su plataforma de atención al cliente deslocalizada en algún punto de Sudamérica, y cuyos trabajadores cuando no tienen respuesta a tu pregunta te mienten flagrantemente, hasta (esta es la que menos vergüenza tiene,  con diferencia) una cosa llamada SELECTRA.

Esta plataforma, SELECTRA , es teóricamente un sitio de comparación de tarifas y servicios, pues bien, esta empresa te oferta básicamente una distribuidora de energía llamada EDP, con ella te ahorras 2 céntimos por kw/h, pero lo mejor y hasta excelso en el plano de la desvergüenza es que con el contrato incluyen (y te cobran por supuesto) una especie de seguro para “chapuzas” varias en el hogar, albañiles, fontaneros, electricistas  etc. que van gratis las 3 primeras horas a tu casa si los necesitas y por el módico precio de 2 y pico euros al mes (no te dicen que esto es sin IVA) pero con impuestos ya son 3.30 euros al mes, y que al ser la facturación bimensual se pone en 6.60 euros en cada factura, pero alguna trampa hay en la cuenta, cuando le digo al teleoperador que eso anualmente supone unos euros va y me dice que 60 anuales, y es aquí donde las cuentas no me salen, son 20 euros más de lo que resulta multiplicar 3.30 por 12. Cuando le digo a este señor que no necesito este seguro y que los céntimos de diferencia son tan exiguos que no merece la pena tenerlos en cuenta, que me hable de otras distribuidoras, va y me dice que se niega a hablarme de otras, que su obligación es ofrecerme la más barata y que esa es EDP. Cuando le digo que no me interesa esta en concreto, le entran las prisas y me dice que tiene pendientes otras cuestiones, que me lo piense y que si me viene bien la oferta vuelva a llamar.

El caso es que en todas hay que pagar ciertos conceptos fijos que son potencia contratada, impuesto a la electricidad y alquiler de equipos de medida y control, la diferencia está en la energía consumida, que depende de que empresa sea la que te la proporciona cambia en 1 o 2 céntimos a lo sumo arriba o abajo, y atención que el IVA para este producto de primerísima necesidad es del 21%, que se dice pronto.

Total que si quieres vivir como una persona vive en el siglo XXI, ya lo de vivir en una caverna no es posible, debes elegir a que empresa debes dejarle robarte la cartera, porque esa serie de empresas varias que te ofrecen sus servicios siguen siendo un monopolio encubierto en 2 céntimos de diferencia.

¡Es lo que hay!

domingo, 16 de septiembre de 2018

LOS AMIGOS SON COMO LAS ESTRELLAS



Ayer fue un día muy especial para un amigo que cumplía 29 años y para su madre, pero sin ser yo arte ni parte en este cumpleaños, era una simple invitada, también simbólicamente fue una celebración inmensamente emocionante para mí. No voy a citar sus nombres, incluso he evitado poner imágenes de ellos (he puesto solo alguna del salón de celebraciones que estaba espectacular) por aquello de la privacidad y de que cada uno es dueño de su propia historia.

Y su historia, aunque de manera casual, se entrelazó con la con la mía, con la de mi familia, en las peores circunstancias que un ser humano pueda imaginar. Este chico y su madre compartieron ubicación física con mi hijo y conmigo, en una habitación de hospital, en la planta de oncología. Los dos estaban tratándose de esa plaga que asola la salud de tanta gente, ambos estaban sufriendo un tratamiento terrible para erradicar un cáncer, y el uno y el otro fueron en esos aterradores  momentos un ejemplo de fortaleza de carácter, de buen humor y de ánimo, fueron ellos los que nos dieron fuerzas a nosotros para afrontar tan tremendas circunstancias.

Cuando iban a pasar a mi hijo a la habitación que luego compartiríamos, M (lo llamaré así) estaba tan mal que no podía tomar nada solido, así de perjudicada tenia la boca. Blas, mi hijo, estaba aun peor, tanto que finalmente en vez de ir a esa cama fue trasladado a la UCI  donde pasó casi 20 días, y por fin muy mejorado subimos a planta y compartimos espacio, preocupaciones, buenas noticias, historias y todo lo que  significa convivir tan intensamente en ese reducido espacio.

La coincidencia quiso que además de compartir habitación también compartiéramos pueblo, porque M y su madre viven en nuestra misma localidad, en un barrio muy cercano, y aunque no nos conocíamos teníamos algunas amistades comunes, entre ellas Sandra, una mujer excepcional. He de decir que M es sudamericano, igual que Sandra y muchos de los asistieron al cumpleaños, porque ellos se han organizado en una asociación donde se dan apoyo mutuo, vivir lejos de tu país y de los tuyos es duro.

La decoración del salón era amarilla y negra, M y su madre iban también de amarillo y negro, el efecto era espectacular. Degustamos platos típicos de su país, todo delicioso, y bailamos, pero sobre todo el cumpleañero y su progenitora lo hicieron al son de la marimba, y ahí, al verlo tan guapo y fuerte, abrazado a su madre danzando por el salón, con esa soltura, no pude evitar llorar.  Tampoco pude evitarlo cuando se dirigió a los asistentes y explicó que el amarillo es el color de la amistad, y que aquella fiesta era un homenaje a ella, esa que se siente en los malos momentos, porque para fiestas siempre hay quien te acompañe, pero en una habitación de hospital y las circunstancias que lo rodean es donde se ven los amigos, que son como las estrellas, que aunque no los veas de día, ahí están, y en la oscuridad es cuando brillan con todo su esplendor.

Ver a M tan bien, tan saludable (hubo un momento en que ni levantarse de la cama podía, necesitaba oxigeno aun en estado de reposo) atendiendo a los invitados, comiendo, bailando, disfrutando de la vida, me llevó a esos oscuros momentos donde él y mi hijo estaban tan mal, que no sabíamos cómo iban a escapar del embate.

Hoy M y Blas están geniales, sometiéndose a sus obligadas revisiones, pero han superado de una forma magnífica esos momentos terribles y continúan viviendo intensamente, felizmente, afortunadamente sus vidas.

Feliz cumpleaños M, que cumplas cien mas.