




A veces hace mucha falta dejar la cabeza en la almohada y la mente en blanco para permitir descansar el cuerpo y las ideas, darse espacio y tranquilidad para poder analizar sin perder el norte los acontecimientos de los últimos tres años, una secuencia vertiginosa, una vorágine que ha envuelto y trastocado la existencia de países y personas dejando a su paso un horizonte de inestabilidad e inseguridad, la existencia de los ciudadanos patas arriba, las políticas de los gobiernos deslavazadas y desacreditadas y los conceptos sacrosantos de las democracias occidentales en entredicho.
¿Quién hubiera dicho hace tan solo tres años que nuestro sistema sufriría este ataque criminal por parte del poder económico?
Aquellos buenos y maravillosos tiempos donde se ataban los perros con longanizas, aquella idílica Jauja donde el mercado estaba inundado de billetes, dinero barato para quien lo quisiera coger, con la trampa bien cebada para hacernos caer a los incautos, ignorantes e inocentes.
El maremágnum en el que estamos inmersos es comparable, salvando las distancias, con el reciente terremoto de Japón, la tierra como los mercados se estaban preparando cada uno a su manera para dar el gran golpe, en uno y otro caso la ruina económica, las vidas destrozadas, la sensación de impotencia en suma, son para muchos idénticas, pero hay una diferencia, a la naturaleza y sus fenómenos no hay quien los baraje, a los mercados sí que podemos hacerles frente y si tenemos la valentía de no arredrarnos, hasta ganarles la mano.
Si hay genios de la ingeniería financiera capaces de hacer estos atracos escandalosos de guante blanco, forzosamente ha de haber genios que sean capaces de desentrañar la maraña y pillar la trampa y a los tramposos y meterlos donde corresponde, en la cárcel.
Afortunadamente y en contra de lo que se creía, hay una nueva generación en el mundo de jóvenes contestatarios, inconformistas y sin miedo que no se conforman con el futuro, o mejor dicho, la falta de él, a que los han condenado los avatares económicos de los mercados y la falta de congruencia de los gobiernos, se han tirado a la calle al grito de “SIN CASA, SIN CURRO, SIN PENSION, SIN MIEDO”, y como ya viene siendo normal en los últimos sucesos mundiales, se han organizado a través de las redes sociales y han empezado su revolución, la revolución de todos nosotros, a la que indefectiblemente hemos de sumarnos para hacer fuerza y demostrarle a unos pocos avariciosos que somos muchos más que ellos y que no nos vamos a conformar con sus injustísimas reglas del juego.
No soy tan ingenua como para no darme cuenta que en los sucesos mundiales de los últimos tiempos no hay ninguna casualidad ni han surgido por generación espontanea, ni la hecatombe económica ha sido coyuntural, ni los movimientos revolucionarios del mundo árabe han surgido de la indignación popular, que sí, que esa indignación casi secular estaba ahí, hacia 40 años que estaba ahí, y esos sentimientos han sido convenientemente agitados como en una coctelera por quienes saber hacerlo magistralmente, y de una movida local y puntual, han sabido extender la situación y generalizarlas en una determinada y bien elegida parte del mundo, se trata del petróleo, el oro negro, el bien cada vez más escaso y más deseado por los codiciosos de siempre, y así andamos, el mundo entero inmerso en un lio monumental donde al final, si no sabemos jugar bien nuestras cartas, saldrán ganado los liosos.
Desde la caída del Muro de Berlín, ya no hay que hacer creer a los ciudadanos occidentales que estamos en la parte noble del paraíso, ya no hay que tener contento al bastión anticomunista, ya hay que aplicar la rasera igualando a la baja, se trata de tener mano de obra barata y bien endeudada, romper el mercado laboral, quedarse con todo lo valioso de las materias primas, montar guerras y guerritas en diversas partes del globo para robar a gusto, vender armamento y reconstruir países, y todo ello a mayor beneficio de los avariciosos de siempre.
Pero somos muchos, muchísimos más que todos ellos, si montan una guerra y no queremos ir ¿contra quién lucharan?, si montan una ruina económica y nos negamos a seguir su juego ¿a quiénes van a robar?, ahí está Islandia, jugando a su manera, a la manera que el pueblo ya en dos ocasiones ha votado, no quieren pagar los platos rotos de esta merienda de negros ajena, aun a riesgo de sumir a el país en una época de vacas famélicas han decidido no jugar al juego de los mercados y meter en la cárcel a estos atracadores de países, ¿qué pasaría si todos los países decidieran pasar una época de vacas flacas y se negaran a seguir con esta absurda dinámica de agencias calificadoras y deudas absurdas que cambian de valor de un segundo para otro?, es perentorio ya cambiar las reglas del juego.
Sería maravilloso ver como a los inventores de la situación mundial les estallara el invento en toda su cara, que no nos engañemos, son los mismos, los que están detrás del crack económico, son los que están detrás de las revoluciones árabes, y detrás de las guerras africanas, ¡sería tan magnífico que la situación se les escapara de las manos!, y ese sueño esta en las nuestras, en nuestras manos, todas nuestras manos y nuestras voluntades juntas, obligar a los gobiernos a no hincar la rodilla en tierra, levantar las cabezas y gritar a coro ¡que no!, que no jugamos a ese juego, que si hay que deshacer Europa, sea, si hay que renunciar al euro, sea, si tenemos que apretarnos el cinturón para bien de nuestro país, sea, SEAMOS TODOS ISLANDESES Y CAMBIEMOS LAS REGLAS DEL JUEGO.