lunes, 16 de enero de 2017

NI LOS BUENOS SON TAN BUENOS, NI LOS MALOS SON TAN MALOS


Reflexión de una tarde de domingo, Valium mediante para solucionar una jodidisima contractura del Trapecio derecho que me tiene baldada. A lo que iba, y so pena de pasar por poco feminista, algunas incluso dirían que machista (pero nada más lejos de la realidad) expongo la susodicha reflexión.

Supongamos que, hipotéticamente (aunque hipotéticamente también podría ser un caso verídico) conocemos a una “pobre mujer” que va por la vida, durante años, quejándose, de sufridora, de pobre víctima de un “horrendo hombre” que pasa de ella, que la engaña, que vive su vida, que la deja sola con varios niños problemáticos, que tiene una insufrible familia política que la odia, que tal, que cual, que pascual. Y con esta triste cantinela que, a base de repetirla, va calando en su entorno (porque, en realidad, nadie conoce al horrible hombre que tan mal la trata) se va granjeando el favor y la empatía de la gente que la rodea. Con ello gana también muchas prebendas, explotando la solidaridad que va despertando, a base de victimizarse.

La cosa va a mayores e incluso se separan, se vuelven a unir, se vuelven a separar, y llega el momento en que el terrible macho que la degrada acaba dejándola, se va con otra, la abandona ¡Que canalla el tío! ¿Verdad? ¡No se puede ser mas perro, ni más malo!

Pero ¡ay amiguitos y amiguitas! con el paso del tiempo vas calando el melón, y vas viendo la verdadera cara, la fea cara, de la “pobre mujer” maltratada, machacada, víctima del verdugo que la atropella, la sojuzga y la denigra ¡ay, ay, ay! Poco a poco, detalle a detalle, vas descubriendo a una persona manipuladora, egoísta, prepotente, cínica, soberbia, suave como la seda, hipócrita, taimada, mala, en el más puro sentido de la palabra mala, un autentico lobo con piel de corderito inocente.

El curioso observador, que por meras circunstancias de la vida, y no por elección, tenga que sufrir una cierta convivencia con semejante espécimen,  va viendo día tras día, situación tras situación, como va asomando la patita el lobo dañino que se esconde bajo la capa de dulce lanita sedosa, va viendo esas respuestas inesperadas en una “pobre mujer” a la que un macho indecente ha tratado mal.

El observador va descubriendo (a base de sufrirlo en sus propias carnes también) en la “pobre victima” y con inmensa sorpresa, unas incomprensibles salidas de tono, un trato denigrante a los inferiores en cuanto se presenta la oportunidad, una innecesaria ferocidad en situaciones anodinas, un escarbar tratando de sacar mierda en donde no la hay para tirarla en la cara de quien se le enfrente, un cinismo gigantesco, un carácter caprichoso, una imposibilidad de soportar la frustración, un querer salirse con la suya siempre, un reescribir la historia a su mayor gloria y provecho, un negar las evidencias mintiendo descaradamente. A una persona muy peligrosa en suma.

A esto hay que añadir un egoísmo supino, el ver como esta pobre “victima” disfruta de la vida dedicando la mayor parte de su tiempo a su cuidado corporal, a su ocio, a sus pasatiempos, a su disfrute personal dejando muy de lado esa tan cacareada responsabilidad materna que tan a gala grita a los cuatro vientos. Cuando ves que abandona a sus retoños horas y horas, noches enteras, sin un adulto que los cuide, cuando los ves con aspecto poco cuidado, con ropas raídas, con esa escasa educación, acabas pensando y replanteándote tus primeras impresiones, inducidas por la “victima”.

Imaginad, además, que “la pobrecita” insta a sus hijos a grabar las conversaciones que tiene con el padre de estas pobres criaturas, que los instruye para que, una vez  ha sacado de quicio al “horrible hombre” que la maltrata y lo ha puesto en el disparadero (disciplina en la que la “victima” es maestra) graben las discusiones donde ella permanecerá tranquila y sosegada, mientras el otro está a punto de reventar, punto al que ella lo ha conducido magistralmente. Imaginad, que incluso, llega al culmen de la manipulación al poner a sus hijos en contra de su progenitor, que llega a denunciarlo y a llevar a los niños a declarar en su contra, haciéndolos pasar por este amargo trago.

Llego a la triste conclusión de que algunas cosas son como son, y no como parecen ser, porque algunas veces ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.

Y aquí viene la reflexión ¿Quién ha sufrido maltrato en esta pareja? ¿Como debemos de llamar a esta situación? ¿Es violencia de genero?


Se admiten comentarios sobre el hipotético caso.

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