jueves, 15 de julio de 2010

Mis recuerdos III









El invierno en mi pueblo era crudo, muy frio, extremadamente frio por su situación geográfica en las estribaciones de la Sierra de Cazorla, nevaba y hacia un frio que congelaba el agua de lluvia que caía de los tejados, colgaban de las tejas los carámbanos congelados, y mis hermanos cuando íbamos camino de la escuela los partían de las casas con los tejados mas bajos y me daban un carámbano para chuparlo.


Los sabañones en las manos y las orejas eran el pan nuestro de cada día, y como picaban los condenados, y más cuando metíamos las manos en la nieve para hacer bolas y tirárselas al pobre que fuera nuestro objetivo, al calentarse después del frio de la nieve picaban insufriblemente.


Mi calle era ligeramente empinada y el camino para el mercado de abastos, por lo cual a media mañana la nieve se había convertido en una sucia placa de hielo, un día al venir del colegio mi madre se cayó y se rompió una pierna, seguro que eso la fastidio un poco, pero mirándolo bien le sirvió para descansar un poco de la guerra que llevaba la pobre, el colegio, la casa, los niños, la costura, el punto, eso sí, punto hizo todo el del mundo, de aquella caída sacamos cada uno un jersey estupendo y calentito, los de los tres niños eran de lana nueva, los de mi hermana y mío eran reciclados, o sea el resultados de deshacer otros chalecos viejos de mis hermanos, esa lana convenientemente mezclada con un ovillo nuevo de otro color daba como resultado unos chalecos “nuevos”, cosas de la posguerra tardía, allí no se tiraba nada, zapatos, ropa, lanas , telas, todo se aprovechaba, o como modernamente se dice, se reciclaba, yo por ejemplo reciclaba mucha ropa y zapatos de mi hermana, para eso era la pequeña.


Mi padre ponía mucho énfasis el hombre en el tema alimenticio, así que por las mañanitas en invierno, antes de ir al colegio nos metía entre pecho y espalda un “ponche”, la cosa consistía en un huevo crudo batido con coñac y leche, íbamos al colegio alegres y calentitos, joder, y tan alegres con un pelotazo de coñac ya me dirás, en aquellos tiempos no había estos remilgos de ahora con el tema del alcohol, mi padre además nos daba a medio día, en primavera, un vasito de quina Santa Catalina para abrir del apetito, por si la astenia primaveral, cosa que nunca entendí porque comíamos bastante bien, afortunadamente ninguno hemos salido alcohólicos porque con esas bases no hubiera sido raro, pero el hombre lo hacía con la mejor intención.

Lo mejor del invierno eran las vacaciones, la Navidad, los Reyes, todo el montaje que se lia en esas fiestas.

Mi hermano Paco montaba el Belén, pero un portal de categoría, con sus figuritas, su rio y su lago, sus montañas, su musgo, no le faltaba un perejil, el musgo íbamos a recogerlo a las eras, en las piedras de por allí crecía en abundancia, lo cogíamos con su tierra y todo, para que durase un mes más o menos, lo que duraba el Belén montado, yo no sé cómo lo hacía, pero el agua corría por aquel rio, el lago era un espejo redondo, y mis hermanos habían hecho el catillo de Herodes, las montañas y la decoración con cartones y papel.

Mi padre compraba antes de Navidad, un mes o así, los mantecados, 50 kilos más o menos, una barbaridad, el caso es que un año, mis hermanos (como siempre) me mandaban a la alacena a coger mantecados, yo me los metía en las braguillas y salía cargada, pero claro, tanto va el cántaro a la fuente que al final mi madre me dijo, pero a ver ¿qué haces entrando y saliendo tanto en la alacena?, a lo que creo que le conteste algo así como “uses pa la chiquitita”.


Y llegaban los Reyes, madre mía, todos los años había libros para todos, de Julio Verne, de Emilio Salgari, guantes, caramelos, todos, pero todos los años los 50 juegos reunidos, un año me acuerdo que trajeron una cámara de cine, la dejaron en la ventana del cuarto de baño, y todos los años me dejaban también carbón, ese era mi hermano Paco, un año en vez de carbón me dejaron una bombona de camping gas, cosas de la modernidad y de las bromas de mi hermano.

Un año, mi hermano Paco se puso malo a mediados de Diciembre, parecía una gripe, pero la cosa fue a mas, a mis hermanos y a mí nos llevaron a casa de mi tío en Baeza, fue una Navidad muy rara, en casa de mi tío intentaban que no notásemos nada, pero mi hermano tenía una meningitis y murió un cuatro de Enero, cuando el día seis vinieron mis padres a por las niñas, las más pequeñas, (los niños se fueron el día cinco para el entierro), traían los Reyes para nosotras, los juegos reunidos geyper, yo no sé cómo, pero sabía que mi hermano había muerto, mi hermano preferido, el que siempre cuidaba de mi, desde entonces odio los juegos reunidos y la Navidad.


2 comentarios:

  1. Me gustarìa vivir en un pueblo y dejar la "modernidad y comodidad" de la ciudad.
    ¡Qué recuerdos tan bellos Inma!
    Lo que daría por caminar en la nieve y deprender un carámbano para chuparlo.
    Muchos tenemos un motivo para detstar algunas fechas.
    Un abrazo, cuídate, luego nos leemos.

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  2. A mi a veces me entra nostalgia de aquel tiempo tan feliz, nunca volverán aquellos días, he vivido otras no menos felices es verdad, pero desde aquello siempre me ha faltado algo.

    Abrazos amigo

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